Tan parecidas y tan distintas
El texto suele ser el punto de partida de una aventura teatral, aunque no el principio. Antes suele llegar un personaje a la cabeza del autor o se le cuela de rondón, y sino es un personaje, es una situación o una respuesta; o un desespero o un desamparo o una redención; o un homenaje, aunque los homenajes como teatro suelen acabar regular o rematadamente mal. Esto no es un homenaje y tampoco fue un desespero. Los personajes de la función más que colarse de rondón, llamaban insistentemente a la puerta como si tuvieran muchas cosas que decir o muchas emociones que soltar.
Los personajes de esta función venían casi siempre juntos, como son tres mujeres digamos que venían juntas. Dos con mucho carácter y una condenadamente buena.
La primera que vino fue Elena y de inmediato su abuela Regina, y casi enseguida: Yosi, la mujer que trabaja en su casa.

Y Elena venía tapando sus miedos con la gallardía y el descaro de sus dieciocho años a reencontrarse con una abuela a la que recordaba tremenda en todo y muy arrogante. Y viene porque entiende que ahora su abuela necesita compañía, porque imagina ahora una abuela desvalida con su reciente ceguera, y viene también, aunque no es consciente, a saldar cuentas. Y en el camino quizá se dé cuenta (no sé si a su pesar) que se parece a su abuela. Sin embargo son distintas, no piensan igual y van a tratar de entenderse porque se quieren y se necesitan.

LadorianP: RT @Buenapublicidad: Instalan máquinas expendedoras de Limon&Nada, que bajan el precio del producto cuando sube la temperatura. ¡Bue ...
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